20 de mayo de 2018

A esta invito yo



Me brindo a ser tu larva, tu hongo, tu parásito y que tú
mi Cabo de Hornos, mi Madame Bobary, una estrella fugaz, mi hada marina.
Quiero-o-o, que tutú me trague entero, un agujero negro, gordo, oscuro.
Y yo tu tofu o tu yogur o la horquilla de tu pelo o
tu ancla, tu patito de goma, tu funda de almohada.
Que algún dios nos desahucie de algún paraíso y
en pelotas, sin parra,
hacernos la ruta 69 hacia
la casa de la Pradera, merendar con Laura Ingalls, dormir en el granero.

O el que te cuelga las lámparas. No importa.
El que baja la basura. Da igual.
El que te quita los zapatos. Vale.
El ese. Yo. Pfffff.
¿Estás despierta?

Me cago en mi puta calavera.




19 de mayo de 2018

Allí



Todo era perfecto. El balcón estaba abierto; la brisa mecía las cortinas-hasta metí el dedo, como en el baño de un marqués. A la temperatura perfecta-y encima de la mesa el vino esperaba paciente a que llegara Clara, mientras yo ponía en el tocadiscos su canción favorita y encendía varias velas repartidas estratégicamente por el suelo formando una vereda hacía las sábanas. De primero, ensalada. De segundo guisantes con jamón y un huevo encima. De postre un lento. Juntar los ombligos, morderle la oreja, escucharla reír...

“Ringggggg, ringgggg”

El teléfono.

“...Clara ha muerto”.

Al principio pensé que era una broma. Bastián es gilipollas y a veces hace ese tipo de cosas. Una vez me escondió el pasaporte en el aeropuerto. Pensé que me quedaba en tierra mientras él se paseaba por la orilla de Cerdeña. Pero me presentó a Clara, que era amiga de una prima suya por la que andaba medio tonto, y sólo por eso, yo a Bastián le hubiera perdonado cualquier cosa. Cualquier cosa menos aquello. Eres un cabronazo Bastián le dije, no tiene gracia, porque, había empezado a contarme que a Clara la había atropellado el camión de la basura mientras cruzaba un semáforo. Que no la habían visto. Que iba muy rápido. Claro Bastián, le dije, muy rápido porque le encantan los guisantes. Que me vistiera. Que cogiera un taxi. Que fuera al hospital. Le dije, Bastián, de esta te vas a enterar, y Bastián, entonces, me juró por su madre que era verdad. Su madre hacía unas lentejas buenísimas y nos daba cinco pesetas los domingos para que fuéramos al cine. Siempre tenía algo en el horno y siempre me daba, por lo menos, dos pellizcos. Aquí, en los mofletes.





9 de mayo de 2018

Asgard no es un lugar, es un pueblo


Y va y me dice que han cortado nuestro árbol-como si algo fuera nuestro-, que qué pena, que es una mala señal, con lo bonito que estaba el corazón aquel atravesado en la mitad por una flecha. Desangrándose allí para siempre- como si el tiempo fuera un queso, curado o, un reloj de pared-. Eterno, vamos, como una vajilla Duralex. 
Y yo le digo que Asgard no es un lugar, es un pueblo. Y ella me dice "Ah..." y yo le digo que eso le pasa por no ver peliculas de Marvel. Y se lo explico: resulta que Thor-el Dios del Trueno-hijo de Odin-padre de todos-, pues vive allí; pero a esto que aparece una hermana que es más puta que una plancha y la lía gorda y total, que se cumple una de esas profecías que se llevan el mundo por delante, y todos tienen que salir por patas tan deprisa que algunos hasta se dejaron la lavadora puesta. Y ahí es donde Thor, viendo a la gente con el chungo, se acuerda de las palabras de su padre, se viene arriba y suelta eso de que mientras permanezcan Unidos, bla bla y bla. Así que palante, cabrones. Y se acaba la película.
Que ah que ya lo entiende. Pero al rato. Y conclusioneando, llega a ese épico momento donde la luz se hace: "¿ Y entonces nosotros Qué somos?
Y entonces es cuando le dije, simples mortales, y ella me contestó con un emoticono sonriente.



2 de mayo de 2018

Manera de vivir nº 422566647



Natalie era más fea que un frigorífico por detrás; pero tenía uno de esos corazones dorados y resplandecientes de pájaro, grande y bondadoso. Tenía un nombre bonito, es cierto, y un perro que llevaba con ella más de lo que había llegado a estar ningún hombre. Se llamaba Charles. Estaba casi ciego. Un día Natalie me partió la nariz. Sangré como un cerdo. Nunca más volví a tocar su guitarra. Natalie estaba enamorada de aquella guitarra. Había cruzado medio mundo para conseguirla, estaba, hecha a mano y tenía, un nombre grabado en el mástil: Baby Jhons.
Lo que quiero decir es que durante aquellos años Natalie me salvó muchas veces la vida, y creo, que ni siquiera le di las gracias. Ni por lo de los rusos. Tampoco por pagar el hospital. O la fianza. O vete a saber en qué andaba metido.



30 de abril de 2018

¿A qué piso vas?



¿No te ha pasado alguna vez
que
subes a un ascensor y no se para nunca?
Piso 2337.
Estratosfera, ropa de bebés.
Vía Láctea: atención, ciclistas.
Constelación Canis Majoris, cuidado con el perro.
Planeta OGLE-2005-BLG-390Lb.
Y no pones el dedo. No haces nada.
Te quedas ahí, mirando por la ventanilla cómo nadan los peces naranjas.
Invitas a un par de amigos, abrís unas cervezas...
Ha venido Clohé. Da igual si lleva veinte años muerta. Y ha traído ese disco
-joder-
de la primera vez que le toqué una teta.
La gente está bailando, se abrazan, como árboles.
Y ha empezado a llover y mamá ha salido a la puerta diciendo
que ya está la merienda.
Ahí vive el Principito, le digo a un Gnomo de jardín
justo cuando pasamos por delante
del asteroide B 612.

¿No te ha pasado? ¿Que de pronto sonríes y sabes por qué?