5 de agosto de 2017

Olaia y la montaña mágica, capítulo 3


Malnacido. Estúpido. Idiota.
Que quería decir por qué te has ido. ¿Por qué te has ido así, tan pronto? Como si todo te importara nada. Como si no tuvieses corazón.

Olaia siempre lleva un espejo en el bolsillo nadie sabe para qué.

Malnacido. Estúpido. Idiota.
Que en el idioma de los pájaros, obviamente, significaba algo así como que si el chico del balcón se iba a tomar las cosas tan al pie de-la-le-tra, a lo mejor la próxima vez en que se vieran ella le volvía la cara.

Deberías haberte quedado a ver como me levantaba.
Malnacido.
Yo me hubiera puesto de color bonito. Para ti. Toda valiente. Como cuando me desnudo frente a la ventana. Para ti. Porque eres lindo y tienes la boca rosa y un jersey de a cuadros que te queda estupendo y porque tengo diecisiete años y nadie me ha besado todavía. Ni un poquito. Ni de lejos. Les da miedo mi jaula. Una vez escuché en los pasillos del colegio que ahí iba la que orina de pie. La que no dobla las rodillas. La hija de la Vasca.
Estúpido.
Una vez mamá me llevó al mar. Y me puso a flotar en sus brazos. Y al rato me soltó como quien suelta a un niño que aprendiera a montar en bicicleta. Y el cielo era tan azul allí. Y el agua hablaba tan bajito.
Mi espejo no se ha roto. El vestido en cambio habrá que lavarlo tres veces.

Idiota.

Esta noche cerraré las cortinas.

Y mañana me compraré un lazo. Un lazo celeste y brillante que me recoja el pelo.

No vamos a llorar, ¿verdad, espejo? Nunca lo hacemos. ¿Y recuerdas la tercera operación? Se podían sentir los tornillos clavándose en el hueso. O la vez que el primo Alberto me tocó con la punta del dedo a ver si era de goma. Y nunca lloramos. ¿No es cierto?

2 comentarios:

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  2. Claro que lloramos. Pero Olaia a esa parte no ha llegado todavía.

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